El Aleph Texto pequeñoTexto medianoTexto grande
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Es conmovedor el texto con el que me encontré hace unos días, escrito por el propio Delibes:
En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo. [...] Terminé como siempre había imaginado: incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad.

[...]

escribiendo y publicando libros [...] siempre con el beneplácito de mis lectores. También a ellos, y a cuantos ahora se asomen a las páginas de estas Obras completas, quiero agradecer sinceramente su benevolencia y fidelidad.
La falta de patetismo, el reconocimiento de su propia derrota y su inmensa humildad evidencian a un gran hombre.
Feliz Navidad


Fotografías y composición
realizadas en colaboración con Isabel
Barea Blanco
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Eduardo Martos Gómez, 24/DIC/2009 (en Personal)
Corregido por Eduardo Martos Gómez. Última revisión a las 21:45 del 24/DIC/2009
Comentarios
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El Arte no es más que un vehículo de transmisión de emociones. Desde esta perspectiva, un artista es la persona capaz de transmitir a los espectadores las mismas sensaciones que él experimenta con su obra. Estoy completamente convencido de que actualmente no somos capaces de lograrlo, de que no sabemos pulsar las teclas adecuadas para provocar emociones precisas.

Nuestro Arte es rudimentario e imperfecto. Incluso es posible que ni siquiera podamos llamarlo Arte.
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En puridad, dado que no tenemos ninguna auténtica certeza (ni siquiera la de no tener certeza alguna), podríamos decir que todo lo que decimos es mentira, y ni aun así estaríamos seguros.

No obstante, cuando me planteo este tipo de cuestiones, cuando dudo de lo más elemental de nuestra existencia (o de la existencia misma), siento que mi amor por los demás no puede estar equivocado ni puede ser falso.

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Señoras y señores, esta noche han tenido ustedes a bien concederme un premio, y yo he venido a recogerlo, pero no me siento orgulloso. Siempre los he criticado. Siempre me han parecido la mejor expresión del peor gusto. Desde siempre y, siento decirlo, para siempre.

Sé que las críticas me sepultarán. "Desagradecido se aprovecha de un premio literario", acusarán, con probabilidad, los titulares. Si he venido hasta aquí no es por otro motivo que mi pobreza y la de mi familia. Este galardón está bien recompensado, y la hipoteca nos asfixia cada vez más. Mi orgullo y mis ideales no pueden pagar mis deudas, de manera que no son una opción razonable. En lo más profundo de sus conciencias, ustedes saben que no están premiando la originalidad ni la genialidad. Hay escritores mucho más brillantes que yo, cuyas obras ni siquiera han tenido la ocasión de sopesar.

No culpen a mi obra de las necesidades de mi familia. Las miserias humanas no tocan el arte, ni esta fastuosa gala. Yo sólo soy un mendigo que reclama algo de comida. Cuando me haya retirado, podrán ustedes seguir deleitándose con el alimento espiritual de mis palabras, que a mí ya no me alimenta.

Muchas gracias.
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