Es conmovedor el texto con el que me encontré hace unos días, escrito por el propio Delibes:
En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo. [...] Terminé como siempre había imaginado: incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad.
[...]
escribiendo y publicando libros [...] siempre con el beneplácito de mis lectores. También a ellos, y a cuantos ahora se asomen a las páginas de estas Obras completas, quiero agradecer sinceramente su benevolencia y fidelidad.
La falta de patetismo, el reconocimiento de su propia derrota y su inmensa humildad evidencian a un gran hombre.