¿Es el Arte una conexión, como sugirió Borges?
El sabor de la manzana (declara Berkeley) está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma; análogamente (diría yo) la poesía está en el comercio del poema con el lector, no en la serie de símbolos que registran las páginas de un libro. Lo esencial es el hecho estético, el thrill, la modificación física que suscita cada lectura.
¿O acaso una obra aislada del contacto con seres racionales podría contener todas las posibles interpretaciones, todas las sensaciones, todos los lugares evocados que provocaría de ser hallada? ¿Necesita el Arte al lector, al espectador, al oyente, o es en sí mismo, para sí mismo?