Nunca he leído un libro de Umbral y no sé si lo haré algún día. Conozco muy poco de su persona, acaso porque me interesan más sus líneas que sus pulsos vitales. Pero es curioso que uno empiece a conocer mejor a ciertas personas cuando se han muerto.
Sin embargo, he leído artículos de Paco Umbral, breves piezas de arte efímero pero duro, intenso y severo. Me hubiera gustado leerlo más en vida, pero El Mundo siempre ha ocultado a sus columnistas en la edición digital, y el papel nos separaba más que las épocas.
Recuerdo su trifulca con Pérez-Reverte, que lo sacó de esa imagen acartonada y recia que muchos teníamos de él, que lo mostró como persona viva y sujeta a las trivialidades del mundo.
También recuerdo su columna, las pocas veces que la vi, al fondo del periódico, solitaria y hosca como su autor, gritándole a la vida las cuarenta que tan bien se sabía, viejo zorro.
Esperemos que, de haber otra vida, le hayan reservado una Olivetti y una bufanda.
|