Samuel me pasa siempre muchos concursos, que a mí se me pasan de fecha por falta de tiempo. Pero el otro día me presenté a uno, y puedo dar fe. He aquí mi participación. Consiste en compartir leyendas y curiosidades locales con una breve descripción. Tiene que ser veraz y no exceder las 1500 palabras. Me pareció una idea original y atractiva, que además puede servir para inspirar relatos o ambientar novelas. Yo he contado la peculiar leyenda de la calle Hombre de Piedra, de Sevilla. Me he basado en el magnífico relato de Ángel Pérez Guerra (de su libro Cuentos y leyendas de Sevilla), y he tomado prestada una fotografía del blog de Julio Domínguez Arjona. Os animo a participar. Aunque no nos llevemos ningún premio, será divertido colaborar en tejer una mitología improvisada y ubicua. |
Sevilla es una ciudad tan ingrata con el arte y la cultura, que siempre deja escapar a los mejores. Y si no escapan, los consume hasta secarlos.
Esta tarde, en una inesperada conversación se ha terciado hablar de la revista Buhaira, a la que vi nacer y de la que formé parte durante años. Tengo delante el número 0, del remoto curso 97/98. Paso las páginas lentamente, como si estuviera manipulando un códice o un beato. Algunos nombres quedan muy atrás, pero las palabras siguen tan vivas como entonces. Ahí están, para mí, las letras sevillanas que acaso el Tiempo corrobore. De algunos tengo noticias relativamente recientes: María Espejo Pérez, Rocío Muñoz Vergara, Raúl Febrer Torres, Carlos Díaz González... ¿Pero qué hay del resto? ¿Zaida Herrador Ortiz, Héctor Márquez Canalejo, Alberto Marina y, sobre todo, Antonio Real Morillo? ¿Se habrán cansado de la ingratitud de esta ciudad muerta, o habrán superado el obstáculo y aún queda esperanza para la cultura sevillana? |