El Aleph Texto pequeñoTexto medianoTexto grande
Recuerdo con ilusión la idea del Galingua (Galactic Lingua, es decir, lengua galáctica), un idioma universal que ayuda a las civilizaciones a entenderse en algunas novelas de Brian Aldiss. Al fin y al cabo, ¿para qué sirve un idioma si no es para transmitir ideas, conocimientos o emociones?

Al parecer, eso no es lo que piensa la Zoziedá pal Ehtudio’el Andalú, que significa "sociedad para el estudio del andaluz". Yo soy andaluz, pero movimientos como éste me horrorizan. Su intención es separar en lugar de unir; confundir en lugar de propiciar el entendimiento. ¿De qué puede servir la plasmación escrita de un dialecto, cuando en Andalucía se entiende perfectamente el español escrito? El andaluz, sin duda, es una variedad muy rica desde un punto de vista fonético. Hay zonas donde es más cerrado y se hace más arduo, pero por lo general es agradable al oído, ya que suaviza la mayor parte de los sonidos. Sin embargo, no tiene sentido escribirlo, principalmente porque no hay un solo andaluz, sino varios. Además, escrito resulta horrible.

El profundo desconocimiento que se desprende de esta pantomima de asociación me hace pensar que se están cachondeando del andaluz, bien porque lo odian o bien porque lo envidian. Basten dos ejemplos. En primer lugar, no se cecea en toda Andalucía; en Sevilla, por ejemplo, se sesea. En segundo lugar, ¿cómo se justifica la desaparición de la uve? ¿Cómo se distingue, entonces, entre vaca y baca?

Afortunadamente, creo que el nacionalismo andaluz está muy lejos de ser una realidad, aunque se empieza por estupideces de esta clase. No sé hasta dónde llegarán, pero tengo muy claro que yo nunca escribiré en una lengua que destila odio, que impone barreras.

Vía WTF Microsiervos.
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Hablando con mi hermano del capricho de Juan Ramón Jiménez de no usar la letra 'g', hemos llegado a dos conclusiones asimétricas. Una de ellas es que Juan Ramón, lejos de retar al lenguaje, pudo haber tenido algún problema que le impidiera distinguir entre ambas letras, de modo que se decidió por una de ellas. La otra conclusión es que, si Juan Ramón podía, ¿por qué no íbamos a poder nosotros?

Hemos empezado repasando algunas convenciones absurdas del lenguaje escrito y hemos terminado por redactar un borrador mental de cambios que podríamos emprender libremente, sin tener en cuenta a esa institución arcaica y muerta que es la RAE.


  • En primer lugar, ¿por qué tenemos tantas letras inútiles? En esto, Juan Ramón tenía razón, pero se quedó corto. ¿Qué pasa con la 'b' y la 'v', con la 'w' o con la hache muda? Deberíamos escribir como hablamos y ahorrarnos tantas letras, porque así tendríamos más tiempo para ir al cine, hacer el amor (que luego las encuestas nos ponen a parir) o dormir. ¿Para qué sirve la 'u' entre la 'q' y la 'e'? ¿Que no se pronuncia? ¡Pues no se escribe! En resumen, deberíamos eliminar la 'v', la 'w', la hache (y recuperar la 'ch'), la 'y' (usaremos la 'i'), la 'u' entre 'q' y otra letra, y finalmente la 'k' (que para algo tenemos la 'q').

  • Muy importante resulta acentuar siempre. ¿Cuánta gente sabe acentuar bien? Poca. ¿Por qué? Porque las reglas son totalmente absurdas. Y si hablamos de diptongos e hiatos, apaga y vámonos. ¿No sería más fácil acentuar gráficamente todas las palabras? Así no habría dudas. Por ejemplo: "Óy no a salído el sol, tódo está nubládo". Y de paso introduzco la primera normalización. Los monosílabos, es evidente, no requieren tilde.

  • Finalmente, todos los verbos deben ser regulares. Se acabó aquello de "conduje", "anduve", "roto". Que vengan el "conducí", el "andé" y el "rompido". Es cierto que las lenguas evolucionan de manera incontrolada, pero no tiene sentido perpetuar reglas absurdas.
Sociólogos, profesores de lengua y literatura, políticos y periodistas se alarman de lo mal que escriben nuestros alevines y gran parte de nuestros veteranos, pero no indagan la verdadera causa de este desastre. No, no estoy siendo trágico. Es desastroso que, estando nuestra inteligencia y nuestra sociedad basada en conceptos, y siendo el lenguaje la única herramienta para transmitirlos, muchas personas no sean capaces de emplearla correctamente. Pero decía que no buscan la causa del pésimo nivel ortográfico actual. Aparte de que se lee poco y de que tenemos un sistema educativo que es una mierda pinchada en un palo, resulta que no basta con aprender un par de normas intuitivas y sencillas para saber escribir. ¡No, alocado! Es necesario conocer de memoria una larga lista de estúpidas convenciones, y aun así nadie quedará libre de la duda (¿cuándo llevan tilde los diptongos?).

Todos estos expertos que se llevan las manos de la frente a la barbilla, y viceversa, no se dan cuenta de que los chavales que no saben escribir suelen manejar los aparatos informáticos de todo tipo a las mil maravillas. ¿Será casualidad o es que los sistemas intuitivos y estandarizados son más fáciles de aprender?
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