Hoy tenía que esperar un rato en la calle y he optado por una iglesia en lugar de entrar en un bar. El silencio acogedor de estos lugares me atrae y me relaja, invitándome a meditar. He cerrado los ojos y me he perdido en mis pensamientos desordenados, enmarañados, náufragos. He sentido la serenidad del templo, y acaso he vislumbrado por qué los hombres de todos los tiempos han necesitado, y necesitarán, lugares como éste para ponerse de acuerdo consigo mismos.
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